
La reelección de Donald Trump en 2024 abre un escenario de incertidumbre para el transporte de carga mexicano: su postura proteccionista y las posibilidades de aranceles pueden alterar los flujos comerciales y la logística binacional.
Pero antes de hablar del futuro, vale la pena echar un vistazo a cómo ha sido la relación entre México y Estados Unidos en este tema.
Desde que se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, la relación comercial por carretera entre México y EE. UU. ha sido clave para el comercio regional, pero también ha pasado por episodios de fricciones y restricciones a camiones mexicanos:

Los aranceles son impuestos que un país pone a ciertos productos importados para encarecerlos y, supuestamente, proteger su producción local. En pocas palabras, si EE.UU. decide imponer un arancel del 25% a productos mexicanos, estos costarán un 25% más para los compradores estadounidenses.
¿Por qué esto es un problema? Porque si los productos mexicanos se vuelven más caros en EE.UU., las empresas de allá podrían buscar otros proveedores o simplemente reducir sus importaciones. Esto afectaría directamente a los productores y transportistas mexicanos, pues habría menos mercancía cruzando la frontera y más incertidumbre dentro de la industria.
Durante su primer mandato, Trump impuso aranceles a productos de China y Europa, lo que desató guerras comerciales. Ahora, en su regreso al poder, ha dejado claro que planea seguir con su política proteccionista y ha amenazado con imponer aranceles a México.
De concretarse, esto podría encarecer productos clave como aguacates, autos y plásticos, afectando tanto a los exportadores mexicanos como a los consumidores estadounidenses.
En 2025 la administración de Trump avisó sobre la posibilidad de aranceles amplios y anunció amenazas específicas sobre importaciones; además, ya se implementaron medidas como un arancel del 17% a tomates mexicanos, lo que muestra que la retórica puede traducirse en acciones que afectan las cadenas de suministro.
Estas medidas elevan costos para los exportadores y podrían reducir el volumen de carga fronteriza.

El 70-+% del comercio entre México y Estados Unidos se mueve por modos terrestres (camión + tren), y el transporte por carretera pesa especialmente en el comercio con EE. UU.; cualquier barrera arancelaria o regulatoria impacta a corto plazo al sector logístico y a la demanda de tractocamiones.
El fenómeno del nearshoring (trasladar la producción más cerca de mercados finales) sigue impulsando la demanda logística en México: nuevos parques industriales y centros de datos aumentan la necesidad de transporte terrestre para insumos y distribución.
Esa dinámica puede compensar, en parte, la caída en algunos segmentos exportadores si las inversiones productivas locales se consolidan.
Aunque la reelección de Trump eleva la posibilidad de medidas proteccionistas, también empuja a la industria a acelerar la innovación, a la modernización de flotas y la adopción de tecnologías limpias para ser más competitiva.
El reto será coordinar la inversión privada, el acompañamiento gubernamental y la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento logístico.
